viernes, 18 de septiembre de 2026

¿Por qué nos importa tanto cómo se ve alguien más?

 

A menudo suelo escuchar a gente hablar sobre cómo se “deben” ver los demás, cómo deberían vestirse, qué deberían hacer, qué deberían cambiar de sí mismos para poder encajar. Y, sinceramente, ¿quién decidió todo eso? Porque si lo pensamos un poco, la mayoría de esas cosas no son más que estereotipos que llevamos tanto tiempo viendo que terminamos creyendo que son normales.

Todo esto se vuelve todavía más evidente cuando entramos a redes sociales. Vemos a una persona de piel clara y automáticamente hay quienes la comparan con alguien de piel morena, como si una persona tuviera que verse de determinada manera para ser considerada bonita, aceptable o “mejor” que otra. ¿Por qué? El racismo es algo completamente absurdo, y todavía más absurdo es que sigamos permitiendo que exista y que se reproduzca como si fuera una opinión cualquiera. Y no es solamente el color de piel. También empiezan con el “tienes que vestirte así”, “deberías verte así”, “tu cuerpo debería ser de esta manera”, “si quieres gustarle a la gente tienes que cambiar esto”. Todo, absolutamente todo, parece tener una regla.

Lo peor es que muchas veces estas reglas vienen de una pantalla. Una pantalla. Gente que probablemente ni siquiera conocemos puede llegar a decirnos cómo deberíamos vernos, cómo deberíamos comportarnos o incluso qué deberíamos pensar. Y hay personas que terminan creyéndose esos comentarios. Se dejan llevar tanto por lo que ven en Internet que comienzan a cambiarse para satisfacer expectativas que ni siquiera son suyas. Y eso sí me parece devastador. Porque poco a poco dejan de ser esa persona que los hacía únicos. Esa forma de hablar, de vestirse, de expresarse, de ser diferente… todo eso empieza a desaparecer porque alguien detrás de una cuenta decidió que no era “suficiente”.

Mi punto con todo esto es que lo hemos normalizado.

Lo vemos y muchas veces no decimos nada. Vemos un comentario racista, una burla, una publicación humillante o a alguien siendo atacado por su apariencia y simplemente seguimos deslizando. Como si no fuera nuestro problema. Pero sí es un problema. Y no solamente ocurre en redes sociales. También pasa en la vida real: en las escuelas, en las familias, en las comunidades, entre amigos e incluso con personas que ni conocemos. A veces lo dejamos pasar porque pensamos que “es una broma”, que “no es para tanto” o que “así se llevan”. Pero una cosa es una broma entre personas que tienen confianza y otra muy diferente es utilizar una supuesta broma para humillar, discriminar o hacer sentir mal a alguien.

No tenemos por qué juzgar a una persona por algo con lo que nació, por algo físico, sí vas a juzgar a alguien, juzga sus acciones. Juzga cómo trata a los demás, el daño que hace, su actitud, o aquello que directamente te haya hecho. Pero si algo de esa persona no te afecta, si es simplemente parte de quién es, ¿qué demonios ganas intentando cambiarlo? Me parecen lamentables estas situaciones tan absurdas.

Y sí, las consecuencias pueden ser muchísimo más serias de lo que algunas personas quieren aceptar. El bullying, el ciberbullying, el acoso y el ciberacoso pueden afectar profundamente a una persona. No es simplemente “un comentario en Internet”. Detrás de esa cuenta hay alguien que tiene sentimientos, inseguridades, problemas y una vida que tú no conoces completamente. Por eso tampoco entiendo esa necesidad de investigar la vida de alguien para hacer sus dichosas “funas” o “quemados”, especialmente cuando se construyen a partir de información incompleta, rumores o una versión que viste en Internet. Hay que entender algo muy básico: una persona no es su perfil de redes sociales.

No conoces toda su vida por una publicación. No conoces toda su personalidad por una historia. No conoces todo lo que ha vivido por un comentario. Y definitivamente no conoces todo lo que piensa solamente porque viste unos cuantos segundos de su vida en Internet. A veces parece que dejamos de utilizar la lógica en cuanto abrimos una red social. No usamos el cerebro antes de publicar algo, antes de compartir una captura, antes de escribir un comentario que sabemos perfectamente que puede lastimar. Y luego nos sorprendemos cuando alguien termina afectado por todo lo que dijimos.

Piensa antes de hablar. De verdad. Y si alguien te dice que “debes” verte de cierta manera, tampoco tienes que demostrarle nada. Puedes ignorarlo. Puedes decir que está bien y continuar con tu vida. No tienes que darle la atención que está buscando. Tu valor no depende de convencer a un desconocido de Internet de que eres suficiente. Y tampoco se trata solamente de defendernos a nosotros mismos. También se trata de aprender a no convertirnos en aquello que criticamos.

Porque es muy fácil quejarse de los estereotipos mientras nosotros mismos juzgamos a alguien por su apariencia. Es muy fácil decir que el bullying está mal mientras compartimos una publicación para burlarnos de otra persona. Es muy fácil hablar de empatía mientras escribimos cosas que jamás tendríamos el valor de decirle a alguien frente a frente.

Todo esto también se relaciona con problemas mucho más graves como el acoso, el abuso sexual y la violencia sexual, situaciones que pueden perjudicar profundamente a las personas y a la sociedad. No son temas que deberían tratarse como chismes, bromas o contenido para conseguir visitas. Hay personas reales detrás de todo esto.

Puede que alguien lea esto y le dé completamente igual. Puede que piense que exagero o que todo esto es una tontería. Y bueno, cada quien. Pero también sé que hay personas que realmente necesitan leer algo así. Personas que necesitan recordar que no tienen que cambiar quiénes son para cumplir con las expectativas de los demás. Personas que necesitan pensar dos veces antes de escribir un comentario. Personas que quizá nunca se habían detenido a pensar que lo que para ellos son “cinco segundos de diversión” puede convertirse en algo mucho más doloroso para alguien más.

Nos quejamos constantemente de que como sociedad no avanzamos, de que seguimos teniendo los mismos problemas, de que las cosas deberían cambiar. Pero, dios no me jodas, ¿cómo esperamos que algo cambie si seguimos haciendo exactamente lo mismo? El cambio también empieza en cosas pequeñas. En no reírte cuando alguien es humillado. En no compartir aquello que sabes que puede hacer daño. En defender a alguien cuando están siendo injustos con esa persona. En pensar antes de hablar. En dejar que los demás sean quienes son. Y, sobre todo, en entender que no necesitas encontrar defectos en otras personas para sentirte mejor contigo mismo.

Así que antes de escribir ese comentario, compartir esa publicación o hacer una “broma”, detente un segundo. Piensa. Porque detrás de esa pantalla hay una persona. Y por favor, usa el cerebro antes de publicar algo. No cuesta absolutamente nada.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario

¿Por qué nos importa tanto cómo se ve alguien más?

  A menudo suelo escuchar a gente hablar sobre cómo se “deben” ver los demás, cómo deberían vestirse, qué deberían hacer, qué deberían cambi...